Historia 14/11/2008 09:39:49
Monasterio y Real Sitio de El Escorial, panteón real
De todas las obras emprendidas por Felipe II, el proyecto más importante, y el único que prácticamente se ha conservado hasta nuestros días conforme fuera diseñado, es el monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial, lugar donde se pone especialmente de manifiesto la instrumentalización de las artes efectuada por el rey, al convertir su más querido y costoso proyecto en el exponente programático de la Monarquía y en el mejor ejemplo, en su totalidad, del arte de la Contrarreforma católica.



En la carta de fundación del monasterio, fechada en 1565, se mencionan explícitamente las razones que indujeron al rey a plantear este proyecto. Siguiendo con una tradición secular de la monarquía española, el edificio ideado por el monarca tenía que asociar las funciones de residencia real y de monasterio que, regido por la Orden de Jerónimos, había de convertirse en un centro de estudios acorde con las disposiciones del Concilio de Trento.



Es más, desechada la posibilidad de enterrar a Carlos V en la catedral de Granada o en su retiro de Yuste, el edificio debía asumir además la función de panteón de la dinastía imperial, coincidiendo con los móviles funerarios y las preocupaciones dinásticas de Felipe II. Por tanto, cada una de las partes del edificio -iglesia, palacio, biblioteca, convento y colegio- se definieron como portadoras de una significación concreta y una función práctica que, en conjunto, convierten a El Escorial en el exponente de una perfecta combinación de lo práctico y lo simbólico y en el ejemplo más fidedigno de la cultura de una época.



Dos años después de su nombramiento como arquitecto de las obras reales, Juan Bautista de Toledo es designado como director de las obras del monasterio. De acuerdo con los intereses e ideas del monarca, el arquitecto realizó un primer proyecto del edificio que, a excepción de su disposición y dimensiones, sería modificado sustancialmente antes de su muerte. Se trataba de un proyecto renacentista a la manera italiana cuyas magnitudes eran desconocidas hasta entonces en España. El edificio se dividía en dos partes claramente diferenciadas: la zona oriental -palacio, iglesia y claustro conventual- con tres pisos, se escalonaba respecto a la occidental, con sólo dos, donde se situaba la portada principal, entre el colegio y el convento que, como la iglesia, estaba flanqueada por dos torres, al parecer cupuladas. La diferencia entre ambas zonas se acentuaba con la aparición de otras dos torres en. las crujías del norte y mediodía y estaba supeditada al espacio de la basílica, que sobresalía por su cúpula y sus cuatro torres situadas a sus pies y en la zona de la cabecera.



Aunque a Juan Bautista de Toledo, fallecido en 1567, se debe la idea general del conjunto y la aceptación de la traza universal del edificio, su proyecto resultaba todavía muy complejo, debido al excesivo número de torres -reducido a la mitad en el proyecto definitivo- y al resalte visual de la basílica, que afectaban negativamente a su pretendido carácter unitario. Con la incorporación a la obra de Juan de Herrera en 1564, coincidiendo con las nuevas necesidades del monasterio al conseguir los jerónimos duplicar el número de religiosos de la comunidad, las obras tomaron un nuevo rumbo, simplificándose el juego de volúmenes previsto como consecuencia de suprimir la iglesia como referencia visual dominante al alzarse la fachada exterior el doble de la altura prevista. Con esta decisión, el envoltorio exterior del edificio, estereométricamente simple, adquiere una importancia determinante en el conjunto. Su planitud, su composición articulada únicamente por la sucesión serial de los vanos en los muros y la casi desaparición del sistema de regulación de alzados mediante los órdenes sitúan a El Escorial en el punto culminante del proceso metodológico del Clasicismo, iniciado en la arquitectura del Cinquecento europeo.



Aunque cada parte del edificio se concibe con una función determinada y un significado concreto, hemos de entender el proyecto de El Escorial desde una perspectiva de conjunto, en la que la correspondencia de las partes se establece no sólo desde un punto de vista formal y arquitectónico, sino que se fundamenta, a nivel ideológico, sobre la correspondencia que se establece entre lo sagrado y lo profano, una de las claves que mejor explican el carácter complejo de la corte de Felipe II.



De acuerdo con la opinión del padre Sigüenza, testigo excepcional de la construcción del monasterio y cronista de la orden de San Jerónimo, la Basílica y la Biblioteca constituyen las dos piezas fundamentales de la organización del conjunto:

"Estas dos piezas anudan todo el edificio y ellas mismas lo dividen. Hacen, poniéndose por medio, que los unos no estorben a los otros y que, cuando fuere menester, como moradores de una casa, se comuniquen y concurran en uno".





El esplendor de Felipe II



En resumen, el Monasterio de El Escorial fue construido por orden del rey Felipe II, quien lo concibió como panteón real y lo convirtió en su centro de operaciones político. Las obras comenzaron en el año 1563, a cargo de Juan Bautista de Toledo, y se terminaron en el 1584. Tras su muerte, su discípulo, Juan de Herrera, continuó las obras, convirtiéndose en el verdadero artífice del monasterio de este Real Sitio. En el año 1971 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico. Su ubicación fue decidida mediante los consejos de astrólogos, médicos, filósofos, canteros, teólogos y arquitectos, quienes eligieron como lugar idóneo la sierra del Guadarrama, a una altitud de 1.055 metros. El Monasterio conmemora la victoria de la Batalla de San Quintín, el día de San Lorenzo. Construido con granito, destacan en él una gran simetría y equilibrio, que rigen completamente la composición arquitectónica, así como la geometría y la austeridad en la decoración. Entre otros edificios, destacan en el conjunto: el templo, la biblioteca, el Patio de los Reyes, los Jardines de los Frailes y diversas dependencias destinadas a alojamiento y servicios, como la Casa de Oficios, Infantes, Ministerios, Reina y la Compaña.





El principio de la arquitectura herreriana



Felipe II utilizó este Real Sitio como panteón familiar. Las obras de su construcción comenzaron en el año 1563, a cargo de Juan de Toledo. Muerto éste, prosiguió con sus trabajos Juan de Herrera, finalizando su construcción en el año 1584. El edificio está realizado en piedra granítica y dividido en tres zonas verticales, siendo la central el Patio de los Reyes. En sus ángulos hay cuatro torres, de 55 metros, rematadas por bolas de metal. Entre las dependencias del edificio se cuentan los Ministerios, la Casa de los Oficios, la Compaña, Infantes y Reina, que se unen mediante arcos. La iglesia es de planta de cruz griega y, en su capilla mayor, están los monumentos funerarios de Carlos V y Felipe II. Hay que mencionar, también, la biblioteca, en el segundo piso de la fachada oeste, en la que hay cerca de 45.000 impresos de los siglos XV y XVI. En el año 1971 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico y, en el año 1984, Patrimonio de la Humanidad. La arquitectura de este edificio, concebido por Juan de Herrera, dio lugar a la arquitectura denominada herreriana. Construcción de grandes dimensiones como lo demuestra sus 15 claustros, 13 oratorios, 86 escaleras, 88 fuentes, más de 1.600 pinturas, 9 torres y 73 esculturas.

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